Los niños del futuro del ayer

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Por: Paloma González Valtierra

Las escuelas siempre han tenido el propósito de formar a las personas que guiarán a la sociedad en el futuro, pero qué pasa con el presente, ¿Qué pasa con los adultos?

Cuando éramos niños e íbamos a la escuela nos preguntaban qué queríamos ser de grandes; entonces las respuestas eran más idealistas y variadas. Sin embargo, al crecer nos dimos cuenta de que la respuesta a esa pregunta no es tan simple ni tan amplia. Para algunos cambió completamente aquello que deseaban hacer frente a lo que realizan en la actualidad, por una u otra circunstancia. Ahora bien, qué pasaría si preguntara: de tener la oportunidad, ¿Te verías haciendo otra cosa?

En este sentido, la idea no es engancharse en añoranzas sobre aquello que pudimos hacer diferente, sino permitirnos cuestionar si lo que hacemos hoy nos representa y nos llena. A través de esta pregunta pretendo invitarte a intentar aquello que siempre deseaste, impulsarte a aprender cosas nuevas y desafiarte a salir de tu zona de confort, porque no existe el momento ideal para hacer algo, sino el deseo mismo.

Aunque la educación está asociada a la escuela y a los niños, la enseñanza no está limitada por la edad; todo lo contrario: aprender algo nuevo siendo adulto nos permite ser más conscientes de este proceso. De acuerdo con expertos, la diferencia entre la facilidad de aprendizaje que poseen los niños frente a los adultos no se debe a que los primeros tengan mayor capacidad de asimilación, sino a la cantidad de tiempo invertido en ello. Un niño pasa por lo menos 20 horas a la semana estudiando (como mínimo).

Intentar algo nuevo no es fácil: te convierte en un novato, lo cual puede causar miedo. Significa no saberlo todo, cometer errores, hacer preguntas que parecen simples y sentir que los demás van un paso adelante. Pero ser novato también significa algo muy poderoso: estar empezando.

Como pedagoga, una de las cosas más difíciles de enseñar a los adultos es lograr que desaprendan para aprender. Con esto no me refiero a que olviden todo lo que saben, sino a vencer la resistencia a aprender otras formas de hacer las cosas, a liberar la mente de ideas y hábitos para reformular lo que saben y adaptarlo a nuevas realidades.

Ahora bien, es importante entender que existe un factor aún más relevante que el tiempo invertido en aprender: la construcción del aprendizaje significativo. Para lograrlo, es indispensable desarrollar la capacidad de aprender a aprender, lo que, en palabras de expertos, se conoce como metacognición. En términos sencillos, esto implica tomar conciencia y reflexionar sobre el propio proceso de adquisición de información, lo cual nos permite elegir el método de aprendizaje que mejor se adapte a nosotros.

Para aprender a aprender es necesario entender que repetir información una y otra vez no garantiza que la hayamos asimilado. La clave está en conectar lo que aprendemos con lo que ya sabemos. Si nuestro cerebro no considera útil la información que recibe, la olvidará. Por ello, para aprender conceptos o información concreta es necesario darle un tratamiento adecuado. Resultan especialmente útiles técnicas como los mapas mentales, mapas conceptuales, mapas de araña, cuadros sinópticos, estudios de caso y el aprendizaje colaborativo, entre otros, además de la práctica espaciada, que permite la asimilación de la información o de algún procedimiento.

El neurobiólogo Héctor Ruiz habla del estancamiento del aprendizaje cuando se basa únicamente en la memorización, y lo ejemplifica con objetos cotidianos, como un billete de $50. Aunque lo vemos día tras día, no somos capaces de replicarlo con exactitud. En cambio, la atención —contundente en el aprendizaje— nos permite analizar, entender y comprender la información. En el caso del billete, esta atención es fundamental para identificar sus elementos importantes y diferenciarlo de otras monedas.

Al crecer, nos encontramos frente a diversos obstáculos para instruirnos en un área nueva o especializarnos en un tema de nuestro interés: la falta de tiempo, el dinero, entre otros. Sin embargo, ser adultos también nos permite conocer y priorizar nuestros objetivos, así como aprovechar las diversas ofertas que existen actualmente para formarnos en un nuevo campo o profundizar en un área de interés.

Hoy en día, en la era del mundo digital, aprender cosas nuevas y mantener una actualización continua se ha convertido en una regla no escrita para mantener el cerebro activo, ser culturalmente relevantes y mejorar laboralmente. Este discurso no es nuevo, desde 1995 dentro de foros industriales se habla de la importancia de una formación polivalente, otorgando mayor relevancia a la selección de candidatos para cargos de alta responsabilidad y mejor remuneración que a los puestos prescindibles.  Afortunadamente, hoy en día existen muchas opciones que nos permiten gestionar cómo y cuándo aprender de acuerdo con nuestro bolsillo y nuestros horarios.

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El ayer ya está escrito, el mañana es incierto, pero el presente es lo único que podemos transformar. Al adentrarnos en un nuevo campo probablemente nos encontremos con varias dificultades, pero si fuera fácil, cualquiera lo haría. Frente a esto, la constancia es un factor clave que nos mantiene enfocados en alcanzar nuestra meta. Y tú ¿Qué te ves haciendo hoy?

Referencias

Aprendamos Juntos BBVA. (2024). V. Completa. Técnicas de aprendizaje según la ciencia [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=noNv_rTwwNw

Espíndola Castro, J. (2000) Reingeniería educativa. Editorial Pax México

 

Publicado el 04 de febrero de 2026